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Washington DC

Nuestro segundo día en Washington comienza completamente distinto al resto que hemos tenido. El sol se impone a las nubes y el día es espectacular. Pronto nos vamos calle abajo a disfrutar de un agradable desayuno a un Pret a Manger que habíamos visto el día anterior antes de dirigirnos al National Mall a comenzar nuestra visita a la zona más turística de Washington.

El primer destino es el Capitolio, lugar en el que se reúne la casta política estadounidense para decidir el futuro del país y, de rebote, del mundo entero. El edificio es espectacular, es una mole de márbol blanco que esta coronado por una cúpula. No se puede acceder a él ya que, dentro, están trabajando por lo que las visitas están prohibidas. Una de las notas de su importancia es el hecho de que, a sus pies, se junten multitud de alumnos de colegios para hacerse una foto de recuerdo de clase. Hasta aquí llegan los estadounidenses ya que es un símbolo muy importante de su país y, aquí, el sentimiento nacionalista lo puedes ver en cualquier esquina.

De aquí, y siguiendo el National Mall nos movemos a la zona de los museos del Smithsonian. El del aire, el de historia, el de ciencias naturales… son muchos y muy variados los museos que puedes ver en esta zona en función de tus gustos. Nosotros visitamos el de historia americana y el del aire y el espacio en los cuales no hay cola para entrar. Personalmente no me gustaron mucho ya que están dirigidos a niños pero me parecen una gran idea teniendo en cuenta que esta zona es una de las más visitadas por los colegios en sus excursiones. La cantidad de niños, y no tan niños, que hay por aquí da una idea de la importancia histórica de la zona. Lo más destacable que hay en esta zona es la Casa Blanca.

Nuestra siguiente visita es el Monumento a Washington consistente en un obelisco rodeado de banderas de los Estados Unidos, punto de inflexión entre la zona destinada a los niños y a la historia del país y la zona destinada a los adultos y al orgullo de los Estados Unidos por los hombres y mujeres que han luchado por su país. Este monumento se erigió como muestra del poder militar de los Estados Unidos y sirve de separación entre la zona cultural y la zona militar del National Mall. El obelisco se alza en lo alto de la pequeña colina en la que se encuentra el National Mall dominando Washington. Desde el vistas al Potomac, a Arlington y a toda la ciudad.

Desde aquí comienza una serie de monumentos erigidos en homenaje a los muertos en las dos guerras mundiales, con un lago central que finaliza ante el Monumento a Lincoln lugar en el que se encuentra una estatua de Abraham Lincoln, decimosexto presidente de los Estados Unidos y que abolió la exclavitud, sentado desde la cual sigue dominando y vigilando el rumbo de esta nación. Así se pueden ver el Monumento a los veteranos de Vietnam, el Monumento a los veteranos de Corea y el Monumento Nacional  a la Segunda Guerra Mundial antes de llegar al Monumento a Lincoln, un edificio enorme en el que solo existe una gran estatua de un Lincoln sentado junto a dos grandes inscripciones de un par de discursos suyos. Este lugar pasará a la historia por ser el lugar desde el que Martin Luther King pronunció el 28 de marzo de 1963 su famoso discurso durante la marcha en defensa del trabajo y la libertad en el que pronunció la frase “I have a dream”.

Aquí se acaba el National Mall pero no finalizan los monumentos y es que, tras cruzar a la otra orilla del Potomac, te encuentras ante el monumento que, a mi por lo menos, más me impresionó. El cementerio de Arlington, situado en las afueras de Washington,  es el lugar en el que muchos soldados americanos son enterrados tras morir en defensa de los intereses de su país. Impresiona ver tantas tumbas, todas ellas perfectamente alineadas, junto a la soledad y la inmensidad que imponen una sensación de respeto enorme. El recinto está lleno de monumentos y regalos hechos por los aliados de los estados Unidos en las guerras y, sobre todos ellos, destaca el monumento a la bandera de Iwo Jima. Esta estatua, basada en una fotografía obtenida por Joe Rosenthal el 23 de febrero de 1945, representa a cinco marines estadounidenses y un médico de la armada alzando la bandera de su país en el monte Suribachi durante la Segunda Guerra Mundial. Allí también se encuentra la tumba al soldado desconocido, uno de los lugares más importantes y visitados del cementerio, situado en una colina mirando hacia Washington.

Tras pasar toda la mañana viendo y conociendo un pedacito de historia de los Estados Unidos nos dirigimos a ver el museo del Holocausto en el que vemos una muy buena exposición sobre la propaganda nazi y poco más ya que nos dicen que, para poder ver el resto del museo, necesitamos una entrada que se saca a unos doscientos metros del museo pero que las taquillas ya están cerradas. Así que nos quedamos sin ver la parte más bonita y espectacular del museo por no haber sido previsores. Un gran error nuestro ya que, probablemente, sea uno de los mejores museos de Washington. Así que, más cabreados que contentos y muy cansados, volvemos al hostel a pasar la tarde y preparar la maleta para salir al día siguiente camino de New York. No vamos a ir directos y haremos noche en medio del bosque por lo que debemos comprar algunas cosillas de última hora. Al día siguiente nos vamos a ver a los Amish.

Comentarios (2)

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  1. Minnie dice:

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