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Continuemos con el viaje de nuestra vida

Se acabó. Así, sin más miramientos que con estas dos sencillas palabras se pone punto y final a una de las etapas del viaje de mi vida. Hoy ponemos punto y final a mi estancia en Liverpool, ciudad maravillosa en la que he pasado los últimos diez meses de ella. Diez maravillosos meses, realmente nueve maravillosos y uno no tanto, que han servido para darme cuenta de lo difícil y complicado que puede llegar a ser este viaje alrededor de un mundo lleno de falsedad, mentiras, engaños y traiciones. Unos meses llenos de alegría, compañerismo, risas y buenos recuerdos salpicados con momentos duros de llantos y amarguras, malos gestos y discusiones, que me han hecho más fuerte a la par que me han permitido ser más feliz.

Liverpool siempre estará en mi corazón, siempre formará parte de él como lo hará toda la maravillosa gente que he ido conociendo estos meses pasados. Todos y cada uno de ellos tienen un hueco. El de algunos será nada más que algo residual, el de otra será eterno, pero siempre habrá sitio para todos y cada uno de aquellos que han formado parte de esta bonita etapa. Una etapa de las de verdad, de las de alta montaña, de las que hacen que te duelan las piernas y no sientas tu cuerpo cuando te bajas de la bici. Etapa llena de buenos momentos, y mejores recuerdos, bajo el aura protectora de los dos Liver que coronan el Royal Liver Building.

ROYAL LIVER BUILDING

Atrás queda una maravillosa ciudad con sus dos catedrales, con el Albert Dock, sus museos gratuitos y sus calles enigmáticas. Una ciudad repleta de lugares mágicos llenos de historia, y por qué no, de historias, que hacen de Liverpool una grandísima ciudad, un grandísimo recuerdo difícil de olvidar, difícil de ocultar, difícil de encorsetar. Y es que, si algo grande guarda Liverpool en su interior, es su eclecticismo, su diversidad, sus diferentes caras. Una ciudad para perderse por ella sin rumbo fijo, para pasearla bajo la luna, para deambular raudo y veloz por sus calles mientras la lluvia te empapa por completo o para sentarse tranquilamente en un banco de Mathew Street a escuchar, a sentir, a vivir, a dejar que sea el corazón el que hable, a escuchar un corazón que te susurra, a entender a un corazón que te pide ayuda. ¿Por qué no dejé yo que el mío hablara?

banco mathew street

Han sido momentos muy bonitos. Han sido momentos muy emocionantes. Han sido momentos muy intensos. Pero también han sido momentos muy duros. Momentos en los que estás tú contra el mundo. Momentos en los que nadie te comprende, nadie te entiende, nadie te escucha. Momentos de rabia contenida en lucha contra un mundo desigual, contra un mundo inmoral, contra un mundo injusto en el que la gente no te trata igual que tú los tratas a ellos. Siempre das más de lo que esperas a cambio, y eso lo sabes desde siempre, pero nunca esperas las sorpresas que esta vida te guarda en forma de reproches, de malos gestos o de venganzas urdidas en lo más profundo del rencor humano. Pero, es precisamente en esos momentos, en los que recuerdas que eres una persona y que nada, ni nadie, te debe borrar la sonrisa de la cara. Es en esos momentos en los que te das cuenta de lo mucho que vales. Y, si no te das cuenta, sabes que siempre podrás contar con alguien que lo haga por ti. Alguien siempre estará ahí para ayudarte, para escucharte e incluso para aguantarte, por qué no, con la mejor de sus sonrisas.

liverpool

Pero llega el momento de partir, de continuar con el viaje de mi vida en otra parte. Llega el momento de volver a cargar la mochila con los recuerdos, vivencias y experiencias recopiladas estos meses y emprender de nuevo el camino. Así es la vida, un viaje sin rumbo fijo en el que los mapas no sirven de nada y el ritmo no lo marcas tú. Así que, sigamos nuestro camino. Liverpool ya se queda atrás. Otra ciudad espera, una vieja conocida, al otro lado de la vía del tren. Allí nos vemos amigos.

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