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Vendaval en Death Valley

Hoy es uno de esos días que van a pasar a la historia de este viaje sin pena ni gloria. El día no presenta muhcas expectativas. El viaje desde Las Vegas hasta Death Valley es aburrido. Son más de dos horas y media de viaje por carreteras y lugares que no tienen ninguna importancia paisajística pero que hay que hace. Llegar a Death Valley y disfrutar de todo lo que aquí se esconde vale la pena. Además la resaca del día anterior hace que el viaje parezca más largo de lo normal. Me levanto bastante tarde, perreo todo lo que puedo en el hotel y salgo en dirección a mi nuevo destino. Hoy es el único día en el que no me apetece conducir. Menudo día he elegido…

Por suerte alcanzo la zona de Death Valley pronto y comienzo a vislumbrar las maravillas que aquí se esconden. Ante mi tengo unas inmensas moles de más de 4.000 metros de altura. Es Sierra Nevada, la culpable de que, en este lado, exista uno de los desiertos más aridos y duros de la costa oeste de los Estados Unidos. De camino al Furnace Creek Visitor Center paro en el Zabriske Point y confirmo mis temores. En el centro de visitantes de Furnace Creek veo el parte metereológico: vientos de hasta 40 mph, que así en millas no parece mucho, pero son de aprox 70km/h y yo voy a dormir en una tienda de campaña.

El lugar elegido es el Camping Texas Spring, solo tiendas, poca protección y un viento para flipar. tras una dura lucha con mi tienda consigo montarla. No se si aguantará pero abro todas las rendijas que tiene para permitir el paso del aire. Puede que esta sea la primera vez que me toque dormir en el coche. Ni lo se ni me quiero preocupar por ello. Estoy aquí para disfrutar y es lo que voy a hacer así que dejo la tienda montada y me voy a Badwater Basin, un antiguo lago en el que ahora se puede encontrar una amplia llanura de sal y que es el punto más bajo en Norte América. Está a 85’50 metros por debajo del nivel del mar lo que contrasta, enormemente, con las montañas que se divisan, la más alta de las cuales supera los 4.500 metros sobre el nivel del mar. Un paseíto, unas cuantas fotos y, subido en el coche, recorro la Artist’s Drive,9 millas de carreteras y caminos por un paisaje volcánico y de colinas formadas a base de sedimentos que es espectacular.

Son las 18:30. comienza a anochecer y quiero comprobar si mi tienda sigue en pie. Vuelvo al camping con la esperanza de que las piedras que he metido dentro de la tienda hayan hecho su efecto y siga en pie. Parece que sí, allí estaba, aguantando el temporal, así que me doy una vueltecita por los alrededores, me hago la cena y me meto en la tienda sobre las 20:30. Hoy no duermo solo; me acompañan diez piedras de tamaño considerable que van a dormir conmigo en la tienda. Puto viento, me da que la noche va a ser movidita.

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