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Un viaje en tren hasta Barcelona

Escasos minutos para las tres de la tarde del viernes y aquí estamos, sentados en uno de los bancos futuristas de la estación Joaquín Sorolla de Valencia, esperando a que llegue la hora de acceder hasta el tren, que nos llevará a Barcelona, a disfrutar de un agradable fin de semana gracias al Melon District Marina. Aquí, sentados mientras esperamos nuestra hora, nos damos cuenta de la frialdad que reina en esta estación. Todo muy moderno, todo muy reciente y todo reluciente pero el ambiente de estación de tren añeja, de las de toda la vida, ha desaparecido por completo.

La Estación del Norte de Valencia siempre ha sido uno de los lugares favoritos en mi ciudad lo que hace que me sienta extraño cada vez que llego a esta nueva estación a coger el tren. Ese tren que tantos y tantos sitios me ha permitido descubrir y en el que tantas horas he pasado ahora es un medio de transporte sin alma, sin vida, varado en esta estación a escasos metros de la que debería ser su zona de descanso. Bajo la cúpula de uralita de la Estación del Norte está su lugar, allí donde sus compañeros de cercanías esperan a los trabajadores y estudiantes que deciden abandonar Valencia el fin de semana para volver a sus casas.

estacion de tren joaquin sorolla valencia

Pero el tren ya no es lo mismo. El misticismo que rodeaba cualquier viaje ha quedado para el recuerdo. Esos largos trayectos disfrutando del paisaje con calma camino de Madrid se convierten ahora en rápidos y veloces viajes acordes a la forma de vida que llevamos en la actualidad. Las prisas se adueñan de todo y el tren no iba a dejar de ser una presa más. Pero, por suerte, aún quedan restos de esa época de trenes lentos y ruidosos y un ejemplo muy claro es el que discurre entre Valencia y Barcelona. Tres horas de recorrido para 350 kilómetros, junto al mar, atravesando ciudades como Castellón o Tarragona y pasando junto a muchísimos pueblos en los que nunca parará hacen de esta linea un reducto en el que poder disfrutar de la reminiscencia de una época pasada.

Son las tres y cinco minutos y ya estamos acomodados en nuestros asientos. El viaje en tren a Barcelona comienza y hacia allí se encamina nuestro Euromed. Rodear la ciudad de Valencia, pasar por nuestro barrio, el Cabanyal, en el que tantos y tantos años hemos pasado jugando junto a las vías ahora enterradas mediante un túnel. Recuerdos de épocas pasadas que luchan contra el sueño de estas horas y que intercambian momentos durante el viaje. Cabezadas que van y vienen hasta la zona de Tarragona en la que, las ganas por disfrutar del viaje pueden con el sueño. Desde aquí, y tras unas dos horas de viaje, no queda más que admirar el mediterráneo.

euromed

La vía va paralela al mar hasta el punto de llegar a estar junto a la playa en muchos momentos. Si hasta ahora hemos recorrido los campos de naranjos y huertas de la zona norte de Valencia y de Castellón al acercarnos a Tarragona comenzamos a circular junto a la orilla del mar. Por la zona de la Costa Daurada al principio, por las pequeñas calas del norte de Tarragona después para adentrarnos, finalmente, entre los pueblos de los alrededores de Barcelona, lugar en el que el tren disminuye enormemente su velocidad hasta el punto de tener que parar a dejar pasar a otros que vienen de frente. Como en los viejos tiempos de vía única, como en aquellas épocas de viajes míticos en tren por la geografía española.

Han pasado tres horas desde que salimos de Valencia y ya estamos entrando en Barcelona. La estación de Sants nos espera. Comienza nuestra aventura de fin de semana por Barcelona. Una vez bajamos del tren tan solo debemos seguir a la marea de viajeros que buscan la salida. Estamos en Barcelona, sí, pero aún nos queda un pequeño trayecto en metro hasta la parada de Marina. No son más de 20 minutos en el hermano pequeño del tren, unas cuantas paradas, un paseo por las calles de Barcelona, cruzando la Diagonal, y ya estamos ante nuestro hotel.

estacion de barcelona sants

El chek-in en el Melon District Marina es rápido, nos están esperando, y eso se agradece. Una breve explicación de las instalaciones, horarios y demás cosas a saber del hotel, una breve charla con las personas allí presentes y un regalito de una camiseta de la residencia que hace ilusión. Así que, admirando la tecnología que utilizan como medidas de seguridad, accedemos a la habitación, colocamos los trastos en su sitio y nos vamos para abajo, a por un mapa de la ciudad, y a disfrutar de una cerveza fresquita que venimos secos. Estamos en Barcelona, solo estaremos dos días y queremos aprovechar el tiempo así que no hay tiempo que perder. Comienza nuestro primer día en Barcelona.

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