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Snorkeling en La Jolla

Al día siguiente tenía pensado ir al Balboa Park, que según la guía estaba bastante bien, con muchos museos interesantes que visitar. Pero antes de desayunar busco en el hostel algún tríptico para entretenerme mientras desayuno y encuentro uno de snorkel en La Jolla, y como el día anterior se me habían puesto los dientes largos, para allá que me dirijo, a ver si me puedo meter en el agua con algún grupo y ver los bichos que aparecían en las fotos.

A La Jolla llego poco antes de las nueve, y me dicen que sólo tienen un grupo previsto para ese día, el de las nueve, y que si hay traje para mí que me puedo acoplar. Total, que después de buscar y rebuscar encuentran dos trajes de neopreno para mi. Sí, llevábamos dos trajes, no sé qué temperatura tendría el agua, pero estaba fría de cojones,hasta el punto que una pareja de las que venía con nosotros se salió del agua de lo fría que estaba. El monitor, como siempre el más listo de la clase, llevaba traje seco. Que cabrón, nosotros pasando frío y él tan calentito con su traje seco para bucear. Así que nos juntamos un grupo de 6 personas más los dos monitores, que nos cuentan un poco lo que vamos a hacer y lo que vamos a ver. Yo no entiendo todo lo que dicen, pero algo sí, y lo que más me llama la atención es que el año pasado tenía una población de 80 leones marinos y este año tienen 800, que el depredador del león marino es el… tiburón, y que hay bastantes tiburones por la bahía, aunque en la zona en la que estamos no suelen estar (aquí ya desconecto por que si sigo entendiendo lo que dice no me meto ni de coña). Así que, tras explicarnos que es muy importante nadar con los barzos cruzados a la altura de la cintura, nada de llevar alejados del cuerpo no sea que nos crucemos con algún leon marino hambriento, nos metemos en las gelidas aguas del Pacífico a nadar entre un colonia de bichos enormes que revolotean a nuestro alrededor. La experiencia es indescriptible, estar rodeado de leones marinos, algunos bastante grandes, que nadan a tu alrededor y se quedan mirandote bajo el agua a unos dos o tres metros de ti…buf, es que si estiras la mano serías capaz de tocarlos.

Tras el subidón de adrenalina de bucear con leones marinos, me fui a comer algo a un café de la propia La Jolla y me fui a ver el Balboa Park, que era mi plan original. La verdad es que me quedé bastante decepcionado, en parte porque no me apetecía entrar en ningún museo (ya me había gastado 65 usd en el snorkel con Snorkel & Scuba San Diego), por lo que decidí irme hacia la zona del estadio de Los Padres, el Petco Park, a visitar un campo de beisbol previa parada a comer algo. El sitio en el que comí es el típico bar americano con pantallas por todos los lados y en el que se juntan los aficionados al baseball, nba y demás a comer y a beber. De hecho está en la misma manzana del Petco Park, y el nombre es “Bub’s @ the Ball Park” (715 Jst San Diego), y es el que más me ha gustado hasta ahora de los típicos americanos, comida bastante buena y unas camareras…

Al estadio no pude hacer la visita guiada que normalmente hacen ya que, al día siguiente, se corría la media maratón de San Diego y el final era dentro del estadio. La meta estaba a la altura del lugar desde el que batean los jugadores, pero estaba abierto para la entrega de dorsales, por lo que, como buen español que soy, me colé haciendome pasar por corredor que iba a recoger su dorsal, si es que tengo un tipito, y pude visitar el estadio por dentro. Lo que más me llamó la atención es que fuera existen varios campos pequeños en un parque a los que puede acceder cualquiera a jugar al beisbol. En cualquier instante se monta un partido improvisado.

Tras la visita vuelta al hotel, donde me encuentro con el danés y, hablando un poco con él, decidimos irnos a tomar una cerveza, cenar y disfrutar un poco de la vida nocturna de San Diego. Al final acabamos en el Bub’s, ya que el tío llevaba como una semana en San Diego, no había salido, quería ir a algún sitio típico americano y, como ese estaba guapo, nos fuimos para allá. Nunca dejeis que un danés os pida una cerveza. El tío pidió una cerveza afrutada a la que le di dos tragos. Le dije que se la tomara él que a mí no me gustaba, y es que, entre daneses y alemanes, me están jodiendo con la cerveza, con lo simple que es pedir una Budweisser o una Corona mexicana… Total, que el tío era bastante majo y nos chispamos bastante, pero después de preguntarle a una camarera buenorra que donde podíamos ir, y a donde iba ella que era lo importante, el danés se cagó, nos fuimos tomar la última cerveza cerca del hostel y después a domir. Que aburridos que son los europeos.

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