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Regreso a New York

Tras una noche más tranquila de lo esperado, y sin que el viento haya hecho de las suyas, nos preparamos para recoger y viajar a New York, donde debemos dejar el coche a las 10 en la Hertz. No pasa nada son las siete de una mañana preciosa junto a un río espectacular en el que los primeros rayos de sol se funden con los últimos coletazos de una luna llena preciosa que me ha recordado a la luna de Valencia. Nos quedan 80 millas por lo que creemos que no tendremos problemas. Craso error, no hemos tenido en cuenta que el trafico de entrada a New York es horrible. La cultura del coche en los Estados Unidos es brutal y aquí, todo el mundo, va a trabajar en coche así que nos comemos un atasco espectacular que hace que lleguemos a New York a las 9 y media. Los nervios y las prisas no son buenas consejeras pero a las 10 debemos estar en la Hertz y habíamos pensado dejar las maletas en casa de Ángel y Julia para no tener que cargar con ellas, así que nos dirigimos a su casa. Rápidamente me bajo del coche, son las 9 y 45, y subo las maletas. Intento abrir la puerta y… mierda no abre. Nos habían explicado que debiamos tener mucho cuidad al cerrar la puerta pero esto no puede ser verdad. Desesperado, y viendo que no podía abrir la puerta, me doy la vuelta y empiezo a meter las maletas en el pequeño ascensor para bajar corrriendo cuando escucho un ruido que proviene de dentro de la casa. Por suerte el problema era que Pep estaba dentro y había dejado la llave puesta. Casi sin dejarle hablar le doy las maletas y salgo corriendo diciendole por las escaleras que en un rato volviamos que teniamos que dejar el coche. Por suerte todo el trafico que habíamos tenido al entrar a New York desaparece una vez estás dentro de Manhattan. ¿Donde estarán los coches? Da igual, la cuestión es que llegamos a la oficina de Hertz a las 10 y allí están esperando el coche por que se lo tienen que llevar. De una forma muy amable se encargan de todos los trámites de revisión y comprobación al vernos un pelín sulfurados pero conseguido, volvemos a New York por la puerta grande, llenos de prisas, nervios, tensión, estrés… che tú, como unos neoyorkinos más.

Tras esta mañana de tensión en nuestro viaje a New York nada mejor para relajarse que acudir a Central Park. Así que, tras previo paso por casa a dejar el resto de enseres que no habíamos dejado nos desplazamos a Central Park donde dejamos las prisas a un lado y nos vamos a aprovechar que hace buen tiempo y a tirarnos en el cesped a comernos un buen perrito americano de un puesto ambulante de los que hay por allí. Central Park es enorme y se necesita tiempo para poder aprovecharlo. La verdad es que sorprende ver un parque de estas dimensiones en medio de una ciudad como New York pero es una gozada para sus habitantes. Un lugar en el que relajarse y huir del frenético ritmo de la ciudad siempre es beneficioso para sus habitantes.

Tras pasar un rato por Central Park volvemos a casa a dormir una siesta antes de salir por la zona en la que estamos. Chinatown, Little Italy, el East Side en definitiva. La zona que rodea Ludlow Street está llena de bares y lugares en los que entrar a tomar una copa. La marcha que tienen estas calles cualquier día de la semana a cualquier hora de la tarde-noche hacen  de este barrio uno de los mejores lugares de Nueva York si buscas marcha y diversión.

Para cenar nos movemos hasta el Lombardi’s una de las pizzerias más famosas de New York y en la cual se cena muy bien. La pizza gigante es espectacular, propia de una sociedad de consumo como la americana y, sin lugar a dudas, el producto más demandado en este establecimiento histórico de New York por el que han pasado infinidad de famosos de los cuales puedes ver fotos por todo el local. Además tuvimos la suerte de poder comer en la parte del local original, inaugurado en 1897. Un lugar muy bueno, con una larga tradición y que es muy recomendable visitar.

Tras degustar una suculenta pizza volvemos a Ludlow St. donde comenzamos un “pub crawl” que nos lleva a recorrer la gran mayoría de los pubs que hay por la zona. Entre los que entramos y no nos gustaron, los que entramos y no pudimos pedir por la cantidad de gente que había, aquellos en los que no nos dejaron entrar y aquellos en los que tuvimos la gran suerte de poder pedirnos una pinta de Bud Light o descubrir la Brooklyn Brown Ale, cerveza fabricada en Brooklyn, completamos una gran noche por una de las zonas con más marcha de Nueva York con la cual volvimos a reencontrarnos con las calles y las gentes de esta gran ciudad.

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