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Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido

Nos acabamos de levantar en nuestro hotel de Sabiñánigo. Es un sábado del mes de mayo y hemos decidido acecarnos a conocer una de las zonas más bonitas que se esconden dentro de los Pirineos. El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido es una maravilla de la naturaleza que podemos disfrutar en su máximo esplendor sin necesidad de grandes conocimientos montañeros. La tarde anterior habiamos comenzado el viaje desde Valencia. No queriamos meternos en estas montañas, desconocidas por nosotros, de noche así que decidimos parar y hacer noche en el Hotel In Dreams (antiguo NL Sabiñánigo), en Sabiñánigo, tras unas cuatro horas de viaje por autovía hasta Huesca y una tortuosa hora por una carretera en obras que, esperemos, algún día se convierta en una autovía que de acceso a esta parte de los Pirineos.

Así que nos levantamos temprano para dirigirnos hacia Torla, en cuyo parking dejaremos nuestro coche, y comenzaremos nuestra aventura para conocer el cañón de Ordesa, uno de los lugares más espectaculares y bonitos que he visto en mi vida. Llegamos a Torla, estamos en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, y subimos hasta el parking donde el Tozal del Mallo, una espectacular pared vertical nos recibe. Las vistas son fantásticas, preludio de lo que iremos descubriendo a medida que vayamos ascendiendo hasta alcanzar nuestro obejtivo que es el Refugio de Goriz. Estamos a finales de mayo y el Monte Perdido está cargadito de nieve lo que hace que desechemos una posible visita a su cumbre y a su trágica y famosa escupidera que, meses antes, se cobró una nueva víctima. La senda de los cazadores está cerrada por nieve así que debemos ascender por el fondo del valle. El principio de la ruta es por un bosque de pinos, abetos y hayas bastante frondoso que impide disfrutar del paisaje. En todo momento el camino remonta el río Arazas lo que, junto a lo cerrado del bosque y al frío que aún hace por estas tierras, provoca una sensación de humedad que llega a ser muy molesta. El recorrido es maravilloso, rodeado de bosques que no dejan ver por donde vas, escuchando el continuo rumor del agua, junto con el estruendo maravilloso de las cascadas que se forman en el curso de un río Arazas que recoge todo el agua del deshielo de la cara sur del Monte Perdido, y viendo los restos de nieve que aún quedan en las zonas bajas. Ordesa es un paraiso y pronto se hace visible a nuestros ojos.

Tras un rato por el cañón llegamos a uno de los puntos cumbre de este recorrido. El bosque se abre y se muestra majestuoso todo el valle glaciar de Ordesa. Una estampa inigualable y que convierte un camino, entre bosques y sin mucho misterio, en un recorrido lleno de maravillas que se suceden una tras otra a partir de este punto. Lo primero que destaca es la majestuosidad del cañón de Ordesa. Con un ancho de no más de 100 metros y paredes verticales de más de 500 metros el cañón dirige nuestra vista hacia el Monte Perdido, a los pies del cual se encuentra nuestro objetivo. La belleza de la zona queda patente cuando se llega a las Gradas de Soaso una formación de piedras que detienen el agua del río Arazas durante un instante antes de proseguir con su bravo camino hacia Torla. Un lugar espectacular que anuncia todo lo bello que queda por ver.

Tras superar las Gradas de Soaso se entra en la planicie que forma el Circo de Soaso dominado por las Tres Sorores (Cilindro, Monte Perdido y Soum de Ramond) y al fondo del cual se encuentra otra de las maravillas de este sendero como es la Cola de Caballo, una cascada de agua sobre una roca que forma una cola de caballo que, en esta época del deshielo, se encuentra majestuosa. Tras disfrutar del paisaje continúa el viaje hacia Goriz por las clavijas de Soaso, o por la Senda de los Mulos si no se desea superar esta pequeña dificultad y no hay nieve ya que, en caso de existir algo de nieve en la Senda de los Mulos, hay que evitar cualquier posible peligro en forma de avalancha que nos estropee un bonito día de montaña. Las Clavijas de Soaso son más espectaculares que difíciles. Están muy bien equipadas y su paso, tanto en subida como en bajada, es cómodo y no presenta excesiva dificultad.

Tras superar las clavijas se sigue un sendero bien marcado que nos lleva hasta Goriz en menos de una hora. Esta zona es la más complicada por la nieve. Nosotros encontramos nieve desde el final de las clavijas hasta el refugio y el ir sin pinchos hacia que algunos pasos por los neveros fueran un pelín arriesgados y hubiera que atravesarlos con mucho cuidado. Pero las vistas de Punta Tobacor y toda la zona de Goriz vale mucho la pena. Además, pasar una noche en un refugio a más de 2000 metros, rodeado del buen ambiente que se genera en la montaña, es algo recomendable para todo el mundo. Así, tras pasar la tarde al sol, y disfrutar de una buena cena montañera, toca irse a dormir a la habitación en la que los ronquidos, el olor y el frío de los sacos de dormir nos recuerdan que no todo es bonito en un refugio de alta montaña.

Al día siguiente nos despertamos de los últimos, nosotros no ibamos a subir al Monte Perdido así que no teniamos prisa, desayunamos y comenzamos la bajada hasta la Pradera de Ordesa por el mismo camino por el que hemos subido con la diferencia que la nieve, a estas horas tan tempranas, ya no es nieve sino hielo y a que los animalitos, marmotas y sarrios además de las vacas y de las grandes aves como las águilas que ya encontramos subiendo, nos acompañan en nuestro recorrido. En unas tres horas llegamos abajo y nos despedimos de una zona maravillosa y que no tardaremos mucho en volver a visitar. Una belleza al alcance de muchos pero disfrutada por pocos.

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