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Las playas de Los Ángeles

Por la mañana y tras darle esquinazo al alemán me voy hacia el muelle de Santa Mónica (típico con la noria y demás, me parece que es el más antiguo de California) a alquilar una bici para recorrerme toda la playa desde Santa Mónica hasta Torrance, que es hasta donde llega el camino South Bay, más o menos 35 km, pasando por Venice Beach, Hermosa Beach y demás playas famosas de la zona norte y centro de Los Ángeles. El recorrido es muy chulo y hace un día bastante bueno, muy soleado y unos 22ºC o algo así, lo que invita a tomárselo con calma e ir despacito. He alquilado una bici de las de freno trasero, a contra-pedal, que al principio es una rayada, pero bueno, poco a poco te acostumbras y es que, si superas un Camino de Santiago en bici, cualquier cosa es posible. El paseo está bien, vas viendo los gimnasios al aire libre típicos, las pistas de voley llenas de peña, gente haciendo surf, etc. Me paro a comer en el muelle de Bonita Beach, donde me como un plato de arroz con pollo y salsa de nosemuybienqué que pica como el demonio, pero que me devuelve las fuerzas tras toda la mañana paseando.

Estando aquí tienes dos opciones: o te subes a una tabla y te pones a surfear o miras como lo hacen los demás así que me tiro un rato en la playa mientras veo a la peña haciendo surf y me vuelvo a Venice, que casi sin darme cuenta son casi las 16 h y debe de estar ya muy animado. Efectivamente, es un hervidero de peña rara, hippies, vagabundos (muchos de ellos hippies que duermen en la calle) y turistas que no se quieren perder las baratijas que venden en los puestos callejeros. Resulta curioso y sorprendete ver como la gente de aquí se vuelve loca por las ofertas de los mercados en lugar de ir a las tiendas. No se ya si es por escasez de dinero o por cultura pero es algo que me sorprende.

Tras pasear un rato vuelvo al hostel, me ducho y me voy hacia la zona comercial de Santa Mónica a verla con más en detalle, que la noche anterior apenas pude verla, ya que estaba todo cerrado. Hay bastante ambientillo, gente comprando ropa en las tiendas de moda, en los cafés e incluso haciendo cola para entrar en un cine y un teatro que hay por la zona. Yo aprovecho y me compro una revista, Time, y las dos primeras temporadas de Frasier, que es una serie que no he visto nunca pero que me suena y por 11 usd puede salvarme alguna de las noches aburridas que pase perdido en medio de la nada.

Así que , tras ver la parte de Santa Mónica que no había visto aún, me voy dando un paseito hasta el hostel y ceno temprano con el alemán y con el nigeriano algo de comida que he vuelto a comprar en el Whole Foods, esta vez ensalada griega a base de arroz y queso fresco que está para chuparse los dedos. Quién me ha visto y quien me ve. Me parece que, cuando vuelva a casa, me espera la tan ansiada visita al griego que tenemos cerca y al que mi hermano quiere ir desde hace tiempo.  A ver que excusa pongo ahora que he probado la comida griega y me gusta.

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