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Lancaster y los Amish

Amanece un bonito dia en Washington. Los rayos de sol que entran por nuestra ventana en el DC Lofty señalan el inicio de un nuevo día, una nueva posibilidad de aventura que nos llevará a conocer las costumbres y formas de vida de una de las colonias de Amish más grande de los Estados Unidos. Y es que los Amish que habitan la zona de Lancaster son la segunda colonia detrás solo de la que se encuentra en Holmes (Ohio).

Los Amish son una comunidad cristiana con unas creencias muy fuertes que hacen de ellos una comunidad muy cerrada y con unas ideas muy fuertes. Su forma de vida se basa en el pacifismo y en la sencillez  lo que hace que renuncien a muchas de las novedades tecnológicas que durante los últimos años ha desarrollado y creado el hombre. No usan electricidad, no tienen coches y, por supuesto, no utilizan teléfonos. Las “Ordnung”, conjunto estricto de reglas que les son de aplicación, marcan tanto su estilo de vida como su forma de vestir y son muy respetadas por cada comunidad. Así que, con estos antecedentes y siendo que Lancaster se encuentra a poco más de dos horas de Washington y a unas tres horas de New York decidimos aprovechar el día para ir a ver a esta gente movidos por el morbo de ver como será la vida de una comunidad sin los adelantos tecnológicos que tanto bien han hecho por la humanidad. Y hacía allí nos vamos, siguiendo dirección Baltimore para adentrarnos en Pensilvania camino de York y, posteriormente, llegar hasta Lancaster.

El panorama cambia por completo. De las grandes urbes llenas de edificios majestuosos pasamos a los pequeños pueblos de carretera que abundan por esta zona. Son pueblos de pocas casas en las que se va viendo un cambio en la orografía dejando de lado las zonas industriales de la costa este de los Estados Unidos y comenzando a adentrarnos en vastas zonas de cultivo de cereales salpicadas de frondosos bosques, de vez en cuando, hasta alcanzar el pueblo de Lancaster, centro neuralgico de la comunidad Amish de esta zona de Pensilvania.

Lancaster es un pequeño pueblo que sirve de nexo de unión entre todas las granjas de los Amish que abundan por esta zona. Aquí no viven solo los Amish lo que permite que haya algo de “modernidad” en sus calles. Esto también lo aprovechan algunas familias de Amish que obtienen suculentos rendimientos de los turistas que hasta aquí se acercan. Un paseo en carro, una comida en una casa Amish o una visita a una de las muchas granjas son actividades que realizan aprovechando el tirón turístico que tienen estas gentes. Lo mejor que se puede hacer es adentrarse por alguna de las carreteritas estrechas y pequeñas que recorren todos estos campo y tratar de interactuar con esta gente. Enseguida  te das cuenta que la amabilidad y hospitalidad de la que hacen gala es enorme y siempre tienen tiempo para pararse a hablar con cualquiera que se interese por sus labores. Huye de las visitas guiadas y disfruta adentrandote en un mundo que parece irreal pero que es tan cierto y válido como aquel que tenemos nosotros.

Tras pasar una buena parte del día visitando a los Amish comenzamos nuestra viaje a New York. Para ello pasaremos una noche en el Delaware Water Gap National Recreation Area situado a unas dos horas y media en coche de Lancaster y a escasas 80 millas de New York en el límite natural que marca el río Delaware entre Pensilvania y Nueva Jersey. Elegimos el  Dingmans Campground un lugar de película de terror situado en un bosque lleno de ardillas y otros animales que se oyen pero no se ven regentado por una pareja y en el cual solo había tres tiendas de campaña. El sitio es precioso pero hace mucho viento por lo que buscamos un sitio resguardado. No hay suerte así que nos tenemos que conformar con un rinconcito cubierto por unos matorrales que parece que algo pueden hacer. Por suerte vamos bien cargados. De camino al camping hemos encontrado el paraiso de los cerveceros. En medio de la nada, junto a la carretera, una pequeña caseta llena de cajas de todas las marcas de cervezas conocidas y desconocidas que escondía una cámara frigorífica en la cual llevarte la cerveza que quisieras bien fresquita. Así, una cajita de 24 Bud Light bien fresquitas para acompañar los dos trozos de carne que nos hemos comprado para cenar. Un buen fuego, unas buenas cervezas y unas buenas risas mientras disfrutamos de una excelente cena en medio de un bosque, junto a un río en un excelente lugar aislado en medio de la nada antes de volver al bullicio, prisas y nervios de esa gran ciudad que es New York.

Comentarios (5)

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  1. javier dice:

    La verdad es que la idea que tenia de esta gente era de ser muy cerrados y muy suyos por lo que me sorprende lo que comentas. Ademas no veo esos campos de maiz tan vistos en las peliculas que deberian abundar por estas tierras. Mucha granja, mucho verde pero poco ambiente Amish.

    Enhorabuena por el viaje y por el relato, me dais una envidia inimaginable cada vez que leo un nuevo post.

    • Bueno, las cosas no son como tu las ves. Los Amish tienen unas creencias y una fe muy fuertes pero eso les hace, al mismo tiempo, ser muy amables y generosos con aquellos que los visitan. No son nada cerrados y te invito a que te acerques a alguna de las muchas granjas Amish que encontrarás en esta zona de los alrededores de Lancaster.

      Respecto al trigo, poco que añadir. Nosotros fuimos a principios de abril antes de la época de siembra de la variedad de trigo rojo que se cultiva en esta fría zona por lo que los campos estaban aún “deseperezándose” del duro invierno que han tenido este año. Si quieres ver los campos de maiz “como en las películas” tan solo debes visitar el condado de Lancaster en época de recogida, esto es, después del verano y antes de que vuelva el frío que, por esta zona, dicen que aprieta de verdad.

      Un saludo y gracias por seguirnos.

      • javier dice:

        Vaya no había pensado en lo de la epoca de siembra y recogida. Entonces, ¿que epoca seria la mejor para visitar la zona?

        • Pués depende un poco de lo que quieras ver. Si buscas grandes campos de maiz ve a finales del verano pero en primavera, con los primeros brotes verdes del campo y con la preparación de estos por parte de los Amish es precioso. Ver a los caballos con arados tradicionales es algo muy interesante.

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