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Joshua Tree, la aventura de dormir en el desierto

Para comenzar el día con alegría, nada mejor que encontrarse una multita para desayunar. Cuando bajo a por el coche, me encuentro un papelito en el limpiaparabrisas, y es que cuando aparqué la noche anterior no me di cuenta que, en el sitio donde había aparcado, tan solo a unos pocos metros del hostel, los lunes y miércoles de 3 a 6 am no se podía aparcar por limpieza de las calles. Estos estadounidenses están locos. ¿Prohibido aparcar por limpieza de calles?. En fin ya veremos si me dejan salir del país que, de momento, no voy a pagarla.

De San Diego a Joshua Tree el GPS me marca más de tres horas, lo que me mosquea un poco, yo creía que era menos, pero bueno, tampoco tengo un mapa o internet para comprobarlo así que me tendré que fiar del GPS. Total, que me tiro toda la mañana conduciendo por carreteras de pelicula llenas de polvo para poder llegar y, efectivamente, estaba a unas tres horas de camino así que minipunto para el GPS, no siempre se gana. Hago un par de paradas para comprar cosas fundamentales para una buena acampada: comida, bebida, hielos y leña, y directito al Joshua Tree, uno de los desiertos que abundan por la zona, y mi próximo objetivo.

Haciendole caso al GPS me voy por la entrada del sur del Joshua Tree National Park, la de Cottonwood, y, directito, voy para en el centro de visitantes a preguntarle a la mujer que hay ahí por un camping apañao para poder pasar la noche en condiciones. Yo tenía en mente dos, el Jumbo Rocks o el Belle Campground, buenas críticas en internet, y la mujer me dijo que su favorito era el Belle Campground, por lo que, le hago caso que para eso ella es de aquí y sabrá más que yo del tema, y me voy para allá. El sitio es espectacular, la tienda la montas al lado de rocas gigantes que la gente utiliza para escalar. Así que, tras montar la tienda y preparar todo para la barbacoa, me voy a dar un paseito por los alrededores, veo el desierto desde arriba de las rocas, estoy un rato viendo como escalan y rapelan y me vuelvo al camping a mejorar un poco mi ingles, es decir, a leer la revista Time. Estando allí conozco a mis vecinos, a un lado un matrimonio mayor que tienen una rulotte gigantesca y al otro lado un par de americanos de unos 40-45 años y el hijo de uno de ellos, que van a pasar una semana en Joshua Tree escalando, y es que, por lo visto, el Joshua Tree es una especie de paraiso para la escalada en roca.

Sobre las 19 o así, y después de disfrutar de una magnifica puesta de sol, enciendo el fuego (hoy toca carbón de barbacoa, lo que le quita encanto, pero bueno, es lo hay a partir de ahora) y cuando están las brasas me hago un cacho de ternera de casi 700 gramos de primerísima calidad, junto con unos esparraguitos para engañar y regaditos con un par de botes de Budweisser. Dios, que buena está la carne americana, no todo son hamburguesas y perritos calientes aquí.

Y claro, antes de dormir hay que bajar la cena, así que me voy a dar un paseito por los alrededores frontal en mano, bueno, en realidad en la cabeza. Si el desierto de día impresiona por la soledad y el silencio que lo inunda por la noche es un espectaculo aún mejor. Los reflejos de la luna sobre las rocas y el silbido del viento rozando las rocas crean una atmósfera muy chula que no invita a adentrarse solo por los caminos, así que no me alejo mucho de mi tienda en la que me meto como a las 20:30 a dormir, que mañana quiero hacer una ruta muy chula que hay aquí y quiero estar descansado. Son unas cuantas millas y nunca he estado andando por un desierto así que impone un poco pero esto es lo bueno de la aventura.

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