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Hasta siempre New York

Último día en New York. El avión no sale hasta la noche así que aún se puede aprovechar el día. No queda mucho por ver así que dedicamos el día a pasear junto al East River. Desde el East Villlage nos dirigimos dirección al East River por Grand St. hasta que llegamos al paseo que se encuentra junto al río. Desde allí caminamos disfrutando de las vistas de Brooklyn, y de los dos grandes puentes de New York, el Brooklyn Bridge y el Manhattan Bridge, los dos puntos principales con los que unir Brooklyn y Manhattan.

Nuestro destino es Brooklyn. Hemos decidido volver a este barrio a ver la zona de DUMBO y el Brooklyn Bridge Park un lugar para pasear tranquilamente junto al East River mientras disfrutas de unas vistas espectaculares tanto de los dos puentes principales de New York como del skyline de Manhattan. El puente de Brooklyn es una de las visitas obligadas en New York y cruzarlo es algo especial. La historia y tradición de este puente le da un aura mágica que pocos monumentos tienen aquí. Mucha gente recomienda hacerlo de noche para poder disfrutar de las vistas del skyline de Manhattan iluminado. De noche o de día, iluminado o no, lo importante es poder disfrutar de la tranquilidad y las vistas que esperan al otro lado.

Una vez en Brooklyn tienes dos opciones: decantarte por el lujoso y exclusivo barrio de Brooklyn Heights o elegir el moderno y cultural barrio de DUMBO. Nosotros nos decantamos por la segunda opción ya que, nuestra intención, es pasear junto al río, así que cogemos la zona izquierda y nos topamos con algunas vistas increíbles del Manhattan Bridge encajonado entre los pequeños edificios que forman este barrio lleno de arte y cultura en una zona que está evolucionando gracias a ser el sitio elegido por muchos artistas para poder vivir en New York sin necesidad de pagar los desorbitados precios de Manhattan. Desde aquí un pequeño paseito por el Brooklyn Bridge Park, un lugar precioso para pasear una mañana soleada como esta que permite sentarse en un banco de los que hay junto al río y sentir como si el mundo se parara ante ti mientras ves, de fondo, el skyline de Manhattan.

Casi sin darnos cuenta se nos ha echado la mañana encima y hay que regresar para coger la maleta y emprender rumbo al JFK. Es fin de semana y hay obras en el metro por lo que no se lo que puede costar ir al aeropuerto. Así que nos vamos a comer cerca de la que ha sido nuestra casa en New York,  a un lugar recomendado por los dueños del piso situado en 131 Rivington Street. El Schiller’s es un lugar que destaca por la cantidad de gente que hay no solo sentadas disfrutando de algunas de las delicias que aquí se hacen sino en la puerta o en la barra esperando sitio. Ver gente siempre es buena señal así allí nos quedamos y valió la pena. Una buenísima forma de despedirse de New York disfrutando de algo tan típico de aquí como el brunch.

Tras saborear una buena comida, un pequeño receso para descansar un poco tirado en el sofá y camino al aeropuerto que hay que coger el vuelo. Llegar al JFK es sencillo. Está perfectamente comunicado a través del metro y del Airlink por lo que no tiene mayor complicación. Mi vuelo sale de la terminal 4 y, pese a no ser muy grande, complican las cosas de mala manera. Esquinado, casi apartado del resto de ventanillas, en un lugar casi escondido esta el mostrador de facturación de Air Europa. Una azafata nos indica que hasta dentro de media hora no abrirán la cinta para poder facturar las maletas pero esta no sabe que somos españoles y que nos gustan las colas así que se sorprende cuando unos cuantos le dicen que no se piensan mover de allí tras su invitación a que vuelvan más tarde.

Tras cenar un poco en un local del aeropuerto embarcamos y rumbo a Madrid. El vuelo con Air Europa de nuevo es una maravilla. Una perfecta atención y un vuelo muy tranquilo en el que dormir se hace sencillo. Es curioso eso de salir a las 10 de la noche, estar unas seis horas en el aire y aterrizar cerca de las 11 de la mañana. Salida rápida del avión, recogida de maletas y directos al bus que conecta con la T4 para poder coger un tren que te deja en Atocha desde donde el AVE me lleva a casa en un suspiro o, mejor dicho, en una siesta. Así que, a las tres y media de la tarde, consigo llegar a Valencia y pongo fin a mi viaje mientras recibo la noticia que mi hermano ya está en Boston donde pasará un par de días antes de volver para casa.

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