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El viaje a New York

Comienza mi aventura. Comienza mi viaje. Hoy me reencuentro con mi hermano que lleva un mes y medio por Estados Unidos y el lugar elegido para volver a vernos es la ciudad de New York. Para ello tendré que llevar a cabo un duro y pesado viaje en el que combinar metro, tren, autobús y avión para poder llegar desde Valencia hasta el New York Loft Hostel situado en el barrio de Brooklyn que es nuestro primer destino en Nueva York.

Mi viaje comienza a las 7 de la mañana, hora en la que me levanto, desayuno y doy los últimos retales a mi equipaje comprobando que llevo toda la documentación para poder entrar a Estados Unidos sin ningún problema. Tras estas últimas comprobaciones del equipaje me dirijo al metro para poder llegar hasta la estación de tren Joaquín Sorolla una nueva y moderna estación de tren creada en Valencia para acoger la llegada del AVE. No la había visto hasta ahora y me he llevado una gran decepción. ¿Donde está ese ambiente mágico de las grandes estaciones de tren? Quizá sea la idea preconcebida que tengo pero me gusta más la Estación del Norte.

Tras casi dos horas de viaje llego a Atocha. El AVE llega puntual y busco un sitio en el que almorzar. Son las 11 de la mañana y paseo un rato por, esta sí, tradicional y antigua estación de tren llena de historias y con un pequeño estanque lleno de tortugas que siempre me ha llamado la atención. Es curioso pero mientras observo el estanque de las tortugas de Atocha me doy cuenta que, aunque nunca entienda por qué la gente acude a él para hacerse fotos, yo también he ido a ver ese estanque cada vez que he pasado por aquí. Tras dar una vuelta cojo el cercanías que me lleva hasta la T4 de Barajas. Un viaje cómodo que se acaba casi sin darte cuenta.

El aeropuerto de Barajas es una jaleo. Típico español. Llego a la T4 y, desde aquí, cojo un autobús hasta la T2 donde, tras pasar un montón de pasillos buscando donde debo facturar, me doy cuenta que me he equivocado de terminal. Debía ir a la T1, así que hacia allí que me dirijo. Llego a la T1, facturo mi maleta tras estar más de una hora haciendo cola frente al mostrador escuchando, con cierta envidia, los destinos caribeños a los que iban el resto de integrantes de la cola, y me dirijo hacia mi puerta de embarque para poder comer cerca de ella y, así, no moverme mucho que, pese a no haber hecho nada del otro mundo me encuentro algo cansado de tanto trasiego.

Por desgracia la T1 de Barajas es muy larga y tras andar y andar atravesando varios pasillos llego a la zona de salida de mi vuelo, la última puerta de embarque del aeropuerto, y me encuentro con que, después de haber cruzado toda la terminal, no hay ningún sitio para comer y me toca desandar parte del camino para poder encontrar un bar en el que comer. Tras una mala comida toca esperar un par de horitas antes de embarcar en el avión de Air Europa y partir destino New York. Es la primera vez que vuelo con Air Europa y la experiencia me ha gustado. Nada que ver con las pesimas calificaciones y opiniones que había leido antes del viaje. Un vuelo correcto, nada pesado y cómodo que me llevó desde Madrid a Nueva York en tan solo cinco horas y media. Lo único que no me gustó fue escuchar como un niño de no más de siete u ocho años le preguntaba a su madre si con el presupuesto que llevaba para gastar le daría para comprarse un Ipad y un Iphone. Que triste.

La llegada a New York es espectacular. Está anocheciendo y las luces de la ciudad ya comienzan a dominar las vistas. Por desgracia llegamos con unas nubes bajas que impedían disfrutar de todo el esplendor de esta gran ciudad. Nuestro destino era el JFK Airport y allí nadie nos esperaba. ¿Para que queremos llegar una hora antes de nuestra hora prevista si luego nos tienen más de tres cuartos de hora esperando una pasarela para poder acceder al aeropuerto? Así que, tras esta espera que pone de los nervios, llega el momento de bajar de avión, andar un poquito y situarse ante las cabinas de aduanas, lugar en el que te piden el pasaporte, te toman las huellas dactilares, te hacen una foto y te dan la bienvenida a Estados Unidos.

Tras recoger la maleta salgo al lugar donde había quedado con mi hermano. Ya estoy en suelo americano. Un nuevo continente que piso, un nuevo país que visito y la primera vez que cruzo el Atlántico para ir de viaje. Por desgracia la hora que yo traigo de adelanto es la hora que el trae de atraso así que toca esperar. Tras un rato dando vueltas por la pequeña sala de llegadas por fin aparece. Besos y abrazos varios y para el tren que aún nos queda llegar al New York Loft Hostel y yo estoy hecho polvo. Por el camino me va contando las últimas novedades de su viaje mientras vemos como un fina lluvia cae sobre los cristales del tren. Esperemos que el hostel no esté lejos de la parada de metro.

Tras coger el Airtrain y la linea J del metro de Nueva York llegamos a la estación de metro de Flushing Av. en la parte norte de Brooklyn, una zona desangelada, industrial,  en la que lo más destacado es el típico edificio de viviendas sociales creadas para la gente más pobre habituales en esta parte de Brooklyn. La zona da un poco de miedo. Es por la noche, está lloviendo y es la primera imagen que me llevo de New York y de Brooklyn. Andamos por las calles, no está lejos el hostel así que en menos de diez minutos llegamos hasta él. Subimos a la habitación, dejamos las maletas y nos vamos a cenar al Life café que se encuentra en Flushing Av. Una buena cena, unas buenas cervezas y al hostel que hay que descansar para poder coger con ganas nuestra visita a New York.

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