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Day 1: Miami.

Tras 9 horas y media de un agradable vuelo por fin veo la costa este de Estados Unidos. El avión se acerca a Miami y la conversación con Ramón, un exiliado cubano que vive en La Nucia y que con sus batallitas me ha hecho muy ameno el viaje, llega a su fin. Da gusto viajar y conocer gente así. Es un placer escuchar sus historias y el devenir de su vida.

El avión aterriza en el Aeropuerto Internacional de Miami a su hora. Pese a que en Madrid despega con media hora de retraso el buen clima que tenemos hace que se recupere el horario previsto. Comienza la gente a salir por la pasarela, recojo mi mochila y me dirijo hacia el exterior del avión. Por fin piso suelo americano, bueno aún no, aún me falta cruzar la tan temida aduana de Estados Unidos. Estoy acongojado por todas las historias que cuenta, llevo mi pasaporte en la mano, me acerco al mostrador y un amable trabajador de la aduana me atiende, me solitica el pasaporte y me hace las preguntas de rigor (que vas a hacer en Estados Unidos, cuanto tiempo vas a estar, si tienes billete de regreso…). Tras responder a lo que solicita me da el visto bueno y… por fin piso suelo americano. Ya estoy en Estados Unidos.

El aeropuerto de Miami es grande pero no tiene mucha complicación. Vas siguiendo las indicaciones y enseguida estás fuera. Mi objetivo ahora es coger un bus que me llevará hasta South Beach, lugar en el que se encuentra el South Beach Hostel. Cojo el autobús número 150, conocido como Airport Flyer, que por 2’35 dólares me lleva hasta mi destino en poco más de media hora. Por suerte la parada del bus está situada justo enfrente de mi hostel por lo que no tengo que cargar durante mucho tiempo con mi pesada maleta. Checking en el hostel y para arriba a dejar las maletas en mi habitación. Una habitación con cuatro camas en las que, de momento, tan solo se aloja un austriaco.

El viaje en autobús ha sido precioso. El recorrido que efectua es muy bonito y da una primera e interesante perspectiva de Miami. La mejor vista, sin lugar aa dudas, la tienes al pasar por Julia Tuttle Causeway un trozo de autopista que une Miami con Miami Beach y desde la que se ven Sunset Lake y Venetian Islands, un grupito de islas en las que vivir debe ser un lujo al alcance de unos pocos.

Tras dejar la maletas en la habitacion del South Beach Hostel bajo a dar un paseo por el famosisimo Ocean Drive, un paseo marítimo lleno de bares, reastaurantes y sitios en los que tomar una copa con el runrun del Atlántico de fondo. No es un paseo bonito. Acostumbrado al de Valencia el hecho de no ver el oceano Atlántico ni la playa, un conjunto de palmeras y dunas lo impide, hace que no me guste en demasía el lugar. Tomarte una copa por la noche con la luz de la luna reflejada en el mar o ver un amanecer desyunando en una terraza debe ser algo espectacular que los habitantes de Miami se pierden cada día. Hay que señalar que los camareros se hacen muy pesados abordándote sin cesar para que vayas a cenar a sus restaurantes.  Además no es muy recomedable cenar por esta zona ya que los precios son bastante elevados.

Mientras busco sitio para cenar alejado de Ocean Drive paso junto a un restaurante italiano, que me habían dicho en el hostel que era el mejor italiano de Miami, en el cual veo que está el austriaco cenando. No me apetece italiano, estoy en Estados Unidos y debo probar la comida típica de aquí y nada más típico de la cocina estadounidense que una buena hamburguesa así que continuo con mi pequeño paseo por South Beach hasta que llego al cruce entre Ocean Drive con la 5th esquina en la que se encuentra un lugar llamado T.G.I. Friday’s en el cual devoro una típica hamburguesa americana.

Lo que más me sorprendió del lugar no fue su decoración, ni su comida, ni su ambiente. Lo que más me llamó la atención fue el amabilisimo trato de los camareros, siempre pendientes de que no me faltara nada, de sabe si la hambuerguesa estaba como a mi gusta o si queria cambiarla por otra más o menos hecha. Sabía que había que dejar entre un 15% y un 20% de propina pero no esperaba que me adularan tanto para conseguirla. Esto es Estados Unidos donde todo se hace a lo grande hasta el trato con el cliente rebosa amabilidad a cambio de unos pocos centavos.

Tras esto un pequeño pateo hasta el hostel y a la habitación a descansar lo que se puede cuando estas a 25 grados y el aire acondicionado de la habitación hace un montón de ruido. Pero es lo que hay y tengo que acostumbrarme a esto. Al fin y al cabo la aventura en Estados Unidos no ha hecho más que empezar.

Comentarios (5)

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  1.  Uno de los mas notables videogames dee su genero,
    no obsetante le falta algo

    Mira lo siguientte y puedes visita mi web blogOo Vidos de nintendo

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