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Brujas, la Venecia del norte.

Mucha gente critica a Ryanair por su política de equipajes, su obligación de imprimir la tarjeta de embarque, el cobro de las maletas o muchas otras tonterías que a nadie le obligan a aceptar. Es curioso pero pese a las criticas muchos son los que utilizan sus servicios y se aprovechan de la posibilidad de viajar a lugares inalcalzanbles hasta hace unos años. Yo nunca me he quejado de eso. Lo único que no me gusta de Ryanair es que vuelan muy tarde y a aeropuertos alejados de las grandes ciudades y esto si que se puede convertir en un pequeño gran problema.

Nuestro viaje a Belgica y a Holanda no comenzó con buen pie. El avión no pudo despegar a su hora en Valencia debido a un tormenta eléctrica. Pese a los intentos del piloto y azafatas por conseguir que los pasajeros tomaran su asiento no consiguieron despegar antes de que llegara dicha tormenta, así que nos tocó estar una hora parados en Manises esperando a que pasara. Cuando pudimos despegar ya era tarde. Esa hora era el margen con el que operábamos para poder alcanzar nuestro transporte en Charleroi, nuestro aeropuerto de entrada. Allí llegamos pasadas las 12 de la noche y ya no había bus para Bruselas ni casas de alquiler de coches abiertas así que no tuvimos mas remedio que coger un taxi. Por suerte todos los pasajeros del vuelo de Valencia estábamos igual por lo que nos juntamos con más gente para coger un taxi para 9 de forma que nos saliera mas económico. 20 euros hasta la Gare du Midi  junto a la cual estaba nuestro hotel, el Ibis Brussels Gare Du Midi, un coqueto y cómodo hotel muy bien situado.

Tras levantarnos nos dirigmos directamente, tras el desayuno, a la estación de tren para ir a visitar Brujas, la Venecia del norte. En una hora estábamos en esta preciosa ciudad belga disfrutando de un agradable paseo por sus pequeñas y estrechas calles camino de esos canales tan famosos de los que habíamos oído hablar. Callejear por Brujas es una experiencia fantástica que te lleva a rememorar la vida de las gentes en este lugar siglos atrás en los cuales la electricidad y los automóviles aun no existían y se disfrutaba de las ciudades con mucha mas tranquilidad. Andar por aquí es ir descubriendo rincones, casas, parques o calles preciosamente adornadas y que no dejan indiferentes a nadie.

Nuestro primer destino eran los canales. La intención era dar un paseo por ellos en barca y así hicimos. La red de canales de Brujas permite que el viajero se haga una idea de la ciudad desde el agua gracias al recorrido que hacen los diferentes barcos que van pasando por las paradas prefijadas que muestran parte del encanto de esta pequeña gran ciudad. A la belleza de las casas en los aledaños de los canales se une la alegre forma de contar las historias del guía que llevábamos lo que hizo mucho más ameno y divertido el trayecto al salirse de las historias típicas de las guías y centrarse en las historias más personales de lo que en aquellos canales había ocurrido a lo largo de los siglos.

Tras este agradable paseo por los canales de Brujas decidimos deambular sin rumbo fijo por sus calles visitando lugares antes descritos por nuestro guía como la calle en la que se encontraban los pubs más antiguos de Brujas, la zona en la que se asentaban hoy en día los estudiantes o pasando por aquellos hoteles y restaurantes que habíamos visto y que tenían terraza sobre el canal. En uno de ellos paramos a comer y… zas, 8 euros por una botella de agua, 5 por un café, y unos precios de la comida para no volver. Y yo que pensaba que de los turistas solo nos aprovechábamos en España. Así que con la comida atravesada por el precio pagado nos dirigimos a la plaza principal de Brujas, a la Grote Markt, en la cual ver el ayuntamiento y la Torre de Belfry un campanario de 83 metros de altura y 366 escalones que hay que subir para llegar a divisar las mejores vistas de la ciudad. Además descubrimos una preciosa y pequeña iglesia, la Basílica de la Santa Sangre, situada en una esquinita de la plaza que, a mí personalmente, fue lo que más me gustó de esta preciosa ciudad belga.

Antes de abandonar Brujas camino de nuestro próximo destino no pudimos dejar de visitar la Iglesia de Nuestra Señora situada camino de la estación de tren y cuya torre de 122 metros, junto a la de la Catedral de San Salvador, dominan el cielo de Brujas. La catedral es una maravilla arquitectónica de estilo gótico repleta de rincones para ver pero lo que más llama la atención es la escultura de la “Maddona con el niño” del gran Miguel Angel realizada en marmol blanco. Esta obra fue la única que salió de Italia durante la vida del gran genio florentino y, a día de hoy, es de las pocas que se pueden admirar fuera de su pais natal.

Tras regresar a la estación de tren compramos el billete para Gante y esperamos a que llegue nuestro tren que en poco mas de una hora nos deja en esta preciosa ciudad belga, segunda visita de nuestro viaje. Pese a que nos perdemos por las obras pronto encontramos a una española que va paseando con su novio la cual nos acompaña amablemente hasta nuestro hotel, el Ibis Centrum Kathedraal, ya que, entre los dos, no se aclaran cual es la mejor forma para llegar hasta él. Salimos un poco por la ciudad por la tarde-noche y comprobamos que aquí no hay que dejar que se haga muy de noche ya que los sitios cierran pronto y, como te descuides, te quedas sin cenar. Unas cervecitas, una cena sencillita y al hotel a descansar. Mañana ya realizaremos la correspondiente visita a Gante.

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