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Amsterdam y sus canales

Tras el fiasco de Breda decidimos salir pronto hacia Amsterdam. Comprobamos que teníamos un tren que partía temprano hacia la ciudad holandesa y decidimos no perder más tiempo en la ciudad y, así, intentar resarcirnos con la visita a la ciudad de los coffeshops y del Barrio Rojo. De este modo, casi antes de que amaneciera, ya estábamos de camino a la estación del tren para poder aprovechar uno de los pocos trenes que, de forma directa, unían Breda y Amsterdam.

No eran ni las 9:30 cuando llegaba nuestro tren a la gran Centraal Station, puerta de entrada a Amsterdam de la gran mayoría de viajeros que pueblan sus calles en busca de drogas y de diversión. Nuestro hotel estaba cerca pero no podíamos entrar hasta las 12 así que dimos una vuelta por los alrededores de la estación de tren haciendo tiempo. Aprovechamos para almorzar y se aprovecharon de que eramos turistas por que nos pegaron un buen clavazo. Es lo que tiene visitar una ciudad como Amsterdam orientada al turista ocasional que no se basa en poder admirar las maravillas arquitectónicas de esta ciudad sino en la cantidad de lugares en los que consumir, sin ningún inconveniente, cualquier droga que se desee.

Llegado el momento nos dirigimos al hotel Manofa el cual es un cuchitril de mala muerte al que nunca volveré. De él solo puedo destacar su magnifica posición junto a la estación de tren y a escasos metros del Grasshopper uno de los lugares mas famosos de Amsterdam y que merece la pena ser visitado por la noche. El espectáculo de luz y reflejos sobre el canal que da es una de las cosas mas bonitas que se pueden ver en Amsterdam.

Tras el check-in en el hotel nos fuimos a disfrutar de un paseo por los canales de Amsterdam. Veníamos de estar en Brujas y quedar fasciandos por sus canales estrechos y por la belleza de sus casas así que la visita por los canales de Amsterdam nos defraudó un poquito. No tiene punto de comparación una con otra. Aún así es recomendable visitar los canales desde un barco ya que te quedas asombrado de comprobar la cantidad de gente que ha decidido vivir en estos canales y que hacen vida como si nada pese a tener, durante todo el día, a una legión de fisgones haciendo fotos sin parar de sus casas. Esto es Amsterdam, la ciudad de los escaparates.

Tras el paseo en barco se nos hizo la hora de comer así que accedimos a las proximidades del Grasshoper y entramos a un irlandes, el Sláìnte Irish Pub, situado en el White Tulip Hostel, en el que comimos de maravilla. Un buen rato que nos permitió recuperar unas fuerzas que ya nos fallaban. Al acabar nos llevamos una de las mejores sorpresas de este viaje y es que, al salir por la puerta de atrás, nos topamos con la Oude Kerk una de las dos catedrales de esta ciudad holandesa. Desde aquí nos adentramos, poco a poco, en el barrio rojo. No estaba muy animado, era media tarde, pero ya iba cogiendo colorcito y ambiente. Tras recorrer sus calles durante un buen rato sin rumbo fijo decidimos parar en un coffe shop y el elegido fue The Bulldog, el primer coffee shop que se abrió en Amsterdam a finales de 1975. El sitio está muy chulo, tienes todo tipo de drogas para solicitar, artilugios varios para el consumo y poco más. Salvo que tu intención sea consumir sustancias psicotropicas no tiene mucho el sitio pero no podiamos irnos de Amsterdam sin entrar a uno.

Tras sufrir para poder terminarnos la cerveza que nos pedimos nos vamos paseando hacia la plaza Dam en la que queremos ver la Nieuwe Kerk y el Kroninklijk Palais. Por desgracia la Nieuwe Kerk está en obras y han tapado su fachada con una lona así que nos tenemos que conformar solo con la vista del palacio, que no está nada mal. Es tarde para entrar a visitarlo así que nos conformamos con darnos una vuelta por la zona y disfrutar con el bullicio que siempre tiene esta plaza y es que, la plaza Dam, es el corazón de Amsterdam y por ella pasan los habitantes de la ciudad casi todos los días.

Se está echando la noche encima y decidimos buscar un sitio para cenar. No podemos alargar mucho la noche ya que, al día siguiente, nuestro vuelo a Valencia parte temprano por lo que, tras deambular un rato por el Barrio Rojo para verlo de noche, nos acecamos de nuevo a los alrededores de la plaza Dam, zona más tranquila y relajada en la que puedes cenar en multitud de sitios. Tras recorrer varias calles nos decantamos por un italoamericano que hay en Damstraat, muy bueno y que satisface nuestras necesidades de una cena tranquila y relajada. Tras una muy buena cena, paseito por la zona, regreso al Grasshopper y a tomar la última cerveza antes de volver al hotel Manofa a dormir y descansar de este largo viaje de varios días recorriendo Belgica y Holanda.

Un bonito viaje en el que hemos visto Brujas, Gante, Breda y Amsterdam recorriendo lugares preciosos, y otros no tan bonitos, pero que valió la pena. Si aceptais una recomendación, buscad un hueco en vuestra agenda y no os perdais estos paisajes ni estas ciudades. No os defraudarán.

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